Fuera el producto, prima el servicio

23 - Mayo - 2006 at 12:32 am | In Software libre | 2 Comments

BluefishEl panadero vive de vender pan. El albañil, del cemento armado. El botones, de llevar maletas. Y la realeza… ummm… Todos vivimos de algo (los suertudos, de alguien). Ayer dejamos la charleta dedicada al software libre con la promesa de responder a esta pregunta: ¿De dónde ———- (¿ves, Moroncín?) obtiene el beneficio una empresa/programador cuyo trabajo da como resultado una aplicación libre?

Los gurús dicen que quizá sea el momento de cambiar el chip del beneficio. Ya no se cobra por el producto; aporta más el servicio. Un ejemplo: las llamadas de los móviles de hace 15 años (esos bloques grisáceos que costaban 1.200 euros y sólo se podían usar en los coches) costaban un riñón. A día de hoy, a las operadoras vender terminales ya no les da dinero (al contrario, salen perdiendo) ni las llamadas entre teléfonos. Les salen más rentables los MMS y otros servicios añadidos.

¿Qué mueve a quien hace un programa libre? Los comentarios más arriesgados hablan de emociones. Vamos, que el dinero tiene un papel secundario. Algunos se lanzan al software libre porque entienden que es la mejor vía solidaria para liberar al mundo (¡Toma frase tipo Bruce Willis!) del corsé que gasta Windows. Otros, por un fin creativo (dar forma de software a una idea abstracta). Otros lo entienden como un hobby o incluso como una forma de trabajarse un buen curriculum.

Blender, en acción¿Y una empresa/programador profesional? Imaginaos que yo creo una aplicación estupenda ¿Y si en vez de venderlo, gastarme un 'pastón' en publicidad para que al final me lo pirateen… lo libero, hago que usuarios/empresas lo usen y les ofrezco un servicio de soporte y formación para ellos? ¿Y si encima les cobro por modificar la aplicación para que se ajuste a sus necesidades empresariales a la vez que la comunidad trabaja libremente en mi aplicación? No me llevo un duro por el programa, vale, pero sí por los servicios…

De hecho, ese suele ser el modelo de negocio más extendido en el campo de las aplicaciones libres. Pero no se quedan ahí las alternativas. Estos programas pueden servir a las empresas para abrirse un hueco en el negocio del software y que lo libre sea un subproducto de un producto de pago y ya no libre. Y, por qué no, puede servir para sacar de la quiebra a las empresas: un proyecto a punto de morir libera su desarrollo y renace (como ocurrió con el contrastado Blender, en la segunda imagen). Lástima que este modelo sea poco habitual y cientos de proyectos ya comenzados mueran en escritoros de empresas que cierran cuando podían haber sido continuados por la comunidad Open Source.

Por hoy, suficiente. Mañana veremos cómo colaborar en un proyecto de código libre. Ya os lo advierto: ¡No hace falta ser programador! Aunque si lo fuerais, ¿os decantaríais por un Open Source o por una licencia 'tradicional' para vuestro software? Si elegís la primera opción, ¿cómo pensáis que obtendríais beneficios?

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